El clima atlántico de Gijón, con más de 900 mm de precipitación anual concentrada en otoño e invierno, convierte el manejo del agua superficial y subsuperficial en un factor crítico para cualquier obra vial. Cuando proyectamos un drenaje vial geotécnico en esta ciudad, la primera variable que evaluamos es la permeabilidad del suelo: los depósitos aluviales del río Piles y las formaciones de arcillas rojas terciarias reaccionan de forma muy distinta ante la saturación. Un sistema mal diseñado genera presiones de poro que reducen la resistencia al corte del terraplén. Por eso, antes de definir pendientes o secciones de cuneta, realizamos un ensayo de infiltración para calibrar los coeficientes de flujo en cada estrato identificado en la calicata.

Un sistema de drenaje mal dimensionado en las arcillas rojas de Gijón puede duplicar las presiones de poro y reducir la resistencia del terraplén hasta un 40 %.