La expansión urbana de Gijon desde el ensanche del siglo XIX hasta los nuevos desarrollos en la falda del Monte Deva ha puesto a prueba la geotecnia local. Las laderas que descienden hacia la costa cantábrica presentan formaciones de areniscas y pizarras alternadas con depósitos coluviales, un escenario donde cualquier corte requiere un análisis de estabilidad de taludes riguroso. Cuando se interviene en zonas como El Llano o La Calzada, donde la pendiente natural supera el 15 %, conviene complementar el estudio con un ensayo SPT para correlacionar la resistencia al corte con los parámetros de rotura, o con una clasificación de suelos que identifique la fracción fina causante de la baja permeabilidad en capas arcillosas.

En Gijon, un talud con pendiente superior al 20 % y niveles freáticos altos puede perder hasta el 40 % de su factor de seguridad si no se drena.