Los ensayos in situ constituyen una fase fundamental en cualquier proyecto geotécnico, ya que permiten caracterizar el terreno directamente en su emplazamiento, preservando las condiciones naturales del suelo o la roca. En Gijón, esta categoría abarca desde pruebas de compactación y capacidad portante hasta determinaciones de densidad en obra, ofreciendo a ingenieros y constructores datos reales sobre el comportamiento del subsuelo frente a las cargas que deberá soportar. La ejecución de estos ensayos resulta crítica para validar hipótesis de diseño, controlar la calidad de los rellenos y terraplenes, y garantizar la seguridad estructural a largo plazo, especialmente en una ciudad con un desarrollo urbano y portuario tan dinámico.
La geología local de Gijón está dominada por materiales del Mesozoico y Paleozoico, con una presencia significativa de calizas, dolomías y margas del Jurásico en el entorno del casco urbano y el Cerro de Santa Catalina, mientras que hacia el sur y el este afloran areniscas y pizarras paleozoicas. Los depósitos cuaternarios, compuestos por arcillas aluviales y rellenos antrópicos en la franja costera y la desembocadura del río Piles, presentan una alta variabilidad lateral y vertical. Esta heterogeneidad geológica exige un conocimiento preciso de las propiedades del terreno mediante ensayos como la densidad de campo (cono de arena), que verifica el grado de compactación alcanzado en suelos granulares y cohesivos durante la ejecución de explanadas o rellenos controlados.

En España, la normativa de referencia para los ensayos in situ se enmarca en el Código Técnico de la Edificación (CTE), particularmente en el Documento Básico SE-C sobre Seguridad Estructural y Cimientos, que remite a las normas UNE correspondientes. La norma UNE 103503:1995 regula la determinación de la densidad de un suelo mediante el método del cono de arena, mientras que la UNE-EN ISO 22476-13:2019 establece los procedimientos para el ensayo de placa de carga estática. En el ámbito de la geotecnia vial y portuaria, el Pliego de Prescripciones Técnicas Generales para Obras de Carreteras y Puentes (PG-3) también impone requisitos estrictos de control de compactación mediante ensayos in situ, de obligado cumplimiento en las obras públicas licitadas en el concejo.
Los proyectos que con mayor frecuencia demandan estos ensayos en Gijón incluyen la edificación residencial y terciaria sobre suelos de competencia dudosa, las obras de urbanización en zonas de relleno como el área de Nuevo Roces, y las infraestructuras portuarias en El Musel, donde la ensayo placa de carga (PLT) resulta indispensable para determinar la capacidad portante y el módulo de deformación de explanadas y bases granulares sometidas a tráfico pesado. Asimismo, las obras de estabilización de taludes en la zona periurbana y los proyectos de rehabilitación del patrimonio edificado sobre terrenos kársticos del casco histórico requieren campañas específicas de ensayos que confirmen la idoneidad de las soluciones de cimentación proyectadas.
Los ensayos in situ se realizan directamente sobre el terreno natural sin alterar significativamente sus condiciones de humedad, estructura y estado tensional, proporcionando datos representativos del comportamiento real del suelo. Los ensayos de laboratorio, en cambio, analizan muestras extraídas que inevitablemente sufren cierta perturbación durante el muestreo y el transporte, aunque permiten un control más preciso de las condiciones de contorno y la realización de pruebas de larga duración.
El Código Técnico de la Edificación (CTE DB SE-C) es la norma principal que establece la obligatoriedad de los reconocimientos geotécnicos, remitiendo a las normas UNE específicas para cada ensayo. En Gijón, los proyectos de edificación deben cumplir estos requisitos para obtener la licencia municipal, mientras que las obras públicas se rigen adicionalmente por el PG-3 y las prescripciones técnicas particulares de cada contrato.
El ensayo de placa de carga es preceptivo cuando se necesita verificar la capacidad portante y el módulo de deformación de suelos, rellenos compactados o bases granulares que van a recibir cargas concentradas importantes, como zapatas, losas de cimentación o pavimentos industriales y viarios sometidos a tráfico intenso. También se exige en el control de calidad de explanadas de infraestructuras lineales y plataformas portuarias.
Los rellenos antrópicos no consolidados de la franja litoral y los depósitos aluviales del río Piles presentan una alta compresibilidad y heterogeneidad que exige un control exhaustivo de la compactación y la capacidad portante. Asimismo, los terrenos kársticos del casco histórico, con posibles cavidades en las calizas jurásicas, requieren ensayos específicos para descartar riesgos de colapso y garantizar la estabilidad de las cimentaciones.