Recién terminamos un perfil en el área de Somió donde un georradar convencional no lograba atravesar los primeros metros de arcillas expansivas. El proyecto necesitaba ubicar el contacto con la roca caliza para un edificio de tres sótanos y la solución fue tender una línea de tomografía sísmica de refracción a lo largo de 115 metros. En zonas como Gijón, con un sustrato rocoso irregular y depósitos cuaternarios que cambian de espesor en pocos metros, este método resulta mucho más resolutivo que los sondeos aislados. La combinación de ondas P y el posterior procesado con algoritmos de inversión tomográfica permite reconstruir un perfil continuo de velocidades sísmicas que se correlaciona directamente con la rigidez del terreno. Para obras donde la excavación alcanza la roca o se necesita conocer la geometría del basamento, la tomografía sísmica de refracción/reflexión entrega un mapa bidimensional que ningún otro ensayo indirecto puede igualar en esta ciudad de la costa asturiana.
La tomografía sísmica convierte un tendido de geófonos en una sección continua del subsuelo, revelando la geometría real del contacto roca-suelo donde los sondeos puntuales solo dan una foto fija.



